¿”Historiar-nos” o “escuchar-nos”?

Es relativamente frecuente que en diversas situaciones familiares, personales y sociales entremos en los roles clásicos del perseguidor, la víctima y el salvador. Los tres interactúan en el conocido triángulo dramático. Son los tres personajes (roles) principales del drama que participan en las historias que representamos.

Estos roles, que llevan con nosotros varios miles de años, han sido de algún modo programados  en el “ADN” de nuestro inconsciente colectivo.

Y en cada familia se produce un “necesario” reparto de estos roles…

Parece que ahora llega el tiempo de reprogramar este “ADN”, se trata de un proceso que se va dando a través de pequeños pasos de conciencia y de acción que se ven cada día aquí y allá…

También hay ciertas cosas que pueden catalizar el proceso, se trata de pequeñas representaciones simbólicas como:

  • Actos de solicitar “permiso”
  • “Liberar y re programar”
  • Nuevos “contratos” y “di-misiones”
  • Solicitar ayudas familiares:
  • A los “sabios”
  • A los “reformadores”
  • A los “pasados” y a los “futuros”

Básicamente sucede que tenemos sentimientos y los convertimos en  “Historias” (Dramas diversos). Son historias que al principio nos contamos  a nosotros mismos  en nuestra cabeza y que luego “actuamos” ahí fuera, dónde pasan a formar parte de “esas cosas que nos pasan”.

En vez de escuchar esos sentimientos en su origen para liberarlos,  los combatimos con historias (en las que suelen estar involucrados los tres roles: Perseguidor, víctima y salvador)

Pero también tenemos disponible el proceso contrario que consiste en extraer los sentimientos de las historias para escucharlos, aceptarlos y liberarlos…

En definitiva, parece que nos encontramos ante la disyuntiva de “Historiar-nos” o de “escuchar-nos”.

Como vemos la clave está en ponerse en la tarea de escuchar, acoger y liberar las emociones y los sentimientos implicados.

Cuando lo hacemos automáticamente entran en juego los roles alternativos. La que fue víctima pasa a ser la persona honesta que expresa lo que siente con integridad.

Quien estaba en el papel de verdugo, ahora es la persona que muestra su apoyo mediante una escucha activa y con sincera intención de comprender.

Mientras que el antes salvador pasa a ser el catalizador de una mediación sana que, a la par que apoya la responsabilidad de las partes, ofrece opciones en vez de “soluciones”.

De este modo se crea una especie de triángulo alternativo, al que podríamos  el “triángulo de la concordia”.

El resultado de todo ello es el enriquecimiento humano de todas las partes.

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